Taberna La Rox cumple su primer año de vida y lo celebra con un Solete Repsol

En pleno corazón del barrio del Retiro, donde las calles respiran tradición y el asfalto guarda aún la memoria de los viejos comercios, ha encontrado su hogar Taberna La Rox. En el número 39 de la calle Lope de Rueda, a un paso de Doctor Castelo y resguardada tras Menéndez Pelayo, este rincón neo tabernero cumple su primer año de vida con un regalo que le sienta como un guante: un Solete de la Guía Repsol. La distinción, que reconoce los lugares con personalidad propia, ambiente especial y cocina honesta, llegaba este pasado lunes, coronando doce meses de trabajo, cariño y mucho oficio.
La responsable de que este espacio respire con alma propia es Roxana, vecina del barrio desde hace más de una década y alma mater de un proyecto que nació tras una larga trayectoria en la gran hostelería madrileña. Su propuesta, una mezcla vibrante de tradición castiza y ritmo contemporáneo, caló hondo desde el primer día. En sus 83 metros cuadrados, con barra, contrabarra, una mesa central y un pequeño reservado con cinco mesas, caben unos cuarenta comensales que, al cruzar la puerta, se topan con ese difícil equilibrio entre lo acogedor y lo auténtico.
Vista de la sala interior
La cocina de La Rox no entiende de artificios. Aquí se cocina con memoria, con producto local y proveedores de toda la vida como la frutería J. Martínez o Alimentación Leo. Su carta, de raíz mediterránea con guiños andaluces, se ha ganado a pulso el paladar del barrio. De sus fogones salen algunos de los platos que ya son seña de identidad: unos torreznos con patata revolcona que invitan al pecado, los mejillones bouchot con un toque picante que despierta los sentidos, una fideuá de contramuslo de pollo de corral con alioli que enamora por su textura, o el tagliatelle al limón, inspirado en un viaje a Capri, que aporta un soplo mediterráneo inesperado. Pero si hay un plato que concentra paciencia y sabor es su rabo de toro, cocinado durante día y medio y servido con patatas fritas, una declaración de intenciones en forma de guiso.
Almejas
El vino tampoco es un secundario. Sin pretensiones cocteleras, la casa ha sabido armar una pequeña colección personal con referencias bien elegidas: vermut de Jerez, cerveza malagueña, Txako Urago, Finca Resalte o Triángulo, que hablan del criterio de quien elige.
En estos doce meses, Taberna La Rox ha tejido su propia geografía afectiva. Entre semana, las mesas se llenan de vecinos y trabajadores de las oficinas cercanas que buscan un respiro con sabor a casa. Los fines de semana, el ambiente se vuelve más joven, más bullicioso, pero sin perder ese aire desenfadado y sin pose que la ha convertido en punto de encuentro para quienes buscan buen comer sin aspavientos.
El reconocimiento de la Guía Repsol no hace sino rubricar lo que sus clientes ya sabían: que en este rincón de Lope de Rueda late una de esas tabernas que reconcilian con la ciudad, donde el trato cercano, la cocina rica y la personalidad de quien la regenta se dan la mano para que uno quiera volver.

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