ABYA presenta el “Menú del Arte”, una exclusiva y singular propuesta que marida arte, gastronomía y enología

Madrid respira arte. Marzo convierte la capital en un hervidero cultural donde ARCO, JUSTMAD y una decena de ferias más toman las calles. Pero cuando el cuerpo pide una pausa, hay lugares que entienden que esa pausa puede ser, en sí misma, una obra de arte. ABYA, el templo gastronómico del Palacio de Saldaña, presenta su 'Menú del Arte': un recorrido donde cocina, pintura y arquitectura se funden en un solo bocado.
Hay ciudades que durante unas semanas se convierten en otra cosa. Madrid, en marzo, deja de ser Madrid para transformarse en un gran lienzo blanco donde galerías, museos y ferias dibujan el mapa del arte contemporáneo. ARCO, Art Madrid, JUSTMAD, UVNT, CAN, HYBRID... la lista es larga y el ritmo, intenso. Entre inauguración e inauguración, el cuerpo pide tregua. Pero no cualquier tregua. Una que esté a la altura.

En el histórico Palacio de Saldaña, a pocos pasos de la Castellana, ABYA lleva años demostrando que la alta gastronomía puede ser también una experiencia cultural. Reconocido con un Sol Repsol, este espacio de cuatro plantas concebido como un viaje sensorial ha decidido sumarse a la fiebre del arte con una propuesta que va más allá del menú degustación: el 'Menú del Arte', una experiencia inmersiva donde cada plato dialoga con una obra, cada vino amplifica un concepto y la coctelería pone el broche final a un recorrido por las entrañas del palacio.
Cuatro actos, cuatro miradas, una misma obsesión
El 'Menú del Arte' (150 €) no es un simple ejercicio de maridaje. Es el resultado de un trabajo conjunto entre el chef, el sumiller, el curador de la colección y el responsable de coctelería de ABYA. Cuatro expertos que han diseñado un itinerario donde el comensal no solo degusta, sino que interpreta. Y lo hace en grupos reducidos —de dos a cuatro personas—, recorriendo distintas estancias del palacio mientras las obras de la colección 'Abya, Cara a Cara' se convierten en compañeras de viaje.
Primer acto – La Galería de Cristal
La experiencia arranca en uno de los espacios más luminosos del palacio. Aquí, las obras de Paola Martínez juegan con el rostro y la mirada, convirtiendo el espejo en territorio emocional. Frente a ellas, un tiradito de hamachi con ponzu de bergamota, caviar cítrico y jalapeño. La frescura del pescado, la acidez aromática del cítrico y el picante sutil encuentran su contrapunto en un Mestres Coquet Gran Reserva Brut Nature. Burbuja fina, crianza, profundidad sin perder ligereza. Un inicio elegante y tenso, como el primer golpe de vista ante una obra que te mira.
Segundo acto – Salón Saldaña
En el espacio que homenajea al arquitecto del palacio, la obra de Vladimir Cora impone su peso. Rostros construidos como fachadas, bloques de color, materia pictórica intensa. Frente a ellos, un chipirón de anzuelo con vichyssoise, emulsión de cebollino y su tinta. El plato juega con contrastes: la suavidad cremosa frente a la profundidad marina. El Lagar de Cervera Albariño aporta frescura atlántica, tensión, una acidez vibrante que equilibra el conjunto. La salinidad natural del chipirón se amplifica, como si el vino tradujera en líquido la intensidad cromática de Cora.
Chipirón de anzuelo con vichyssoise
Tercer acto – Abya Yala Room
Llegamos al corazón gastronómico de ABYA. Aquí, Miguel Milló despliega una obra casi táctil: capas, textura, volumen, construcción de pieles. La figura humana, poderosa, vibrante, casi totémica. Para acompañarla, una costilla de vaca asada y lacada pensada para compartir. El plato pide estructura y el Muga Reserva Selección Especial responde con complejidad aromática, tanino pulido, persistencia. El fuego, la caramelización, la tierra. Es el momento de mayor intensidad del recorrido, donde todo confluye.
Costilla de vaca asada y lacada
Cuarto acto – El Atelier
El viaje termina en Le Boîte, la coctelería de ABYA. Aquí, Paola Martínez vuelve a aparecer con obras intervenidas que integran al espectador en la pieza. Tras el recorrido, el reflejo ya no es el mismo. El broche dulce: un flan de maíz de suavidad envolvente acompañado de un Oremus Late Harvest, vino dulce de matices maduros que prolonga la sensación cremosa sin saturar. Y para cerrar, un cóctel de autor con base de whisky Macallan, limón, licor de moras y zumo de naranja. Un Blood and Sand revisitado, concebido como último gesto creativo. Estructura, profundidad, un final elegante que invita a quedarse.
Más que un restaurante, un palacio vivo
Lo que hace especial a ABYA no es solo su cocina, sino el escenario que la acoge. El Palacio de Saldaña, con sus más de mil metros cuadrados distribuidos en cuatro plantas, es una pieza de colección en sí mismo. Arquitectura afrancesada de principios del siglo XX, maderas nobles, latón, piezas artesanales. Y en cada rincón, más de un centenar de obras creadas ex profeso para el espacio. Porque aquí el arte no cuelga, habita.

La carta, firmada por el chef Óscar Castellano, conecta Latinoamérica y Europa a través de platos universales y creativos. Pero durante esta temporada, el 'Menú del Arte' se convierte en la forma más completa de entender la propuesta de la casa. No como una pausa entre visitas culturales, sino como una extensión natural de ellas.

Las reservas, imprescindibles, pueden hacerse a través de la web de ABYA o por teléfono. Porque en un mes donde Madrid entera es un museo, sentarse a la mesa puede ser también una forma de mirar.

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