Cuando elBulli cerró sus puertas el 30 de julio de 2011, muchos vieron el fin de una era. Para Ferran Adrià, era el inicio de su proyecto más ambicioso: convertir 24 años de creatividad desbordante en un sistema de conocimiento accesible. Lo que siguió fue un proceso de documentación forense sin precedentes en la historia de la gastronomía, que ha sido rigurosamente detallado en la página web de la Fundación elBulli y en publicaciones académicas.
Durante seis años, Adrià y su equipo catalogaron cada uno de los 1.846 platos servidos en el restaurante entre 1987 y 2011. Pero no se limitaron a hacer una lista. Para cada creación, reunieron: la receta exacta con pesos y temperaturas, fotografías profesionales, bocetos originales, menús físicos, notas de las reuniones de creatividad e incluso las fichas de degustación de los comensales. Todo este material —equivalente a más de 50.000 documentos digitalizados— constituye el núcleo del archivo de la Fundación.
El verdadero salto conceptual llegó con la "Taxonomía elBulli", un proyecto que Adrià describe como "la elBullificación de elBulli". Con la ayuda de filósofos e historiadores, descompusieron esas 1.846 creaciones en familias, géneros y especies culinarias. ¿Cuántas veces usaron la esferificación entre 2003 y 2010? ¿Qué ingrediente apareció con más frecuencia en los postres? ¿Cómo evolucionó el uso del marisco? La respuesta a estas preguntas no está en la memoria de un chef, sino en una base de datos interrelacionada que hoy puede consultarse en la sede de la Fundación en Cala Montjoi.
Este trabajo culminó en 2023 con la apertura de la Fundación elBulli, que Adrià insiste en definir no como un museo, sino como un "laboratorio de ideas". La exposición permanente no muestra platos bajo vitrinas, sino pantallas táctiles donde los visitantes pueden rastrear la genealogía de técnicas como los "aires" o la gelificación inversa. El acto más radical de Adrià no fue inventar la espuma de guisante, sino publicar en 2014 el libro "elBulli 2005-2011", de 7.000 páginas y 45 kilos de peso, que contiene todas las recetas y reflexiones de sus últimos años. Mientras otros protegían sus secretos, Adrià los liberó, creando el primer gran código abierto de la alta cocina contemporánea.